miércoles, 23 de noviembre de 2011

Óbnibus

Ómnibus



  En “Ómnibus”, vuelve a aparecer la presencia del otro, pero ya no en la mente sino en la vida cotidiana, en la realidad, representada desde el punto de vista del “Discriminado”. En este caso, Martín y Clara, se ven incómodos al observar que todos los pasajeros del ómnibus 168 poseían flores y su rumbo era el cementerio de Chacarita. Ellos tenían destino a Retiro y llevaban las manos vacías. Ellos eran vistos y señalados como los otros, presionados por sus ojos que les indicaban que faltaban a lo establecido: “En el fondo del ómnibus, instalados en el largo asiento verde, todos los pasajeros miraron hacia Clara, parecían criticar alguna cosa en Clara que sostuvo las miradas con un esfuerzo creciente, sintiendo cada vez era más difícil (…).”. Ellos observan la diferencia que los demás establecían, veían que eran los otros: “El viejo de mi asiento con sus claveles apelmazados, con esa cara de pájaro. A los que no vi bien fue a los de atrás. ¿Usted cree que todos...?

- Todos – dijo Clara -. Los vi apenas había subido. Yo subí en Nogoyá y avenida San Martín, y casi en seguida me di vuelta y vi que todos, todos...”. También se puede apreciar la violencia que genera la discriminación, cuando los pasajeros bajan en Chacarita: “El conductor salió del asiento como deslizándose, el guardia quiso sujetarlo de la manga, pero se soltó con violencia y vino por el pasillo, mirándolos alternadamente, encogido y con los labios húmedos parpadeando.”. Además esa situación produjo en ellos la necesidad de pertenecer, de ser aceptados, o al manos no discriminados : “El florista estaba a un lado de la plaza, y él fue a pararse ante el canasto montado en caballetes y eligió dos ramos de pensamientos. (...) Pero cuando siguieron andando (él no volvió a tomarla del brazo) cada uno llevaba su ramo, cada uno iba con el suyo y estaba contento.”. Incluso la unión entre ellos fue breve, fue tan solo lo que perduró el miedo, la marginación.

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